Defensores de la vida y la democracia

Opinión por lic. Hugo Márquez - presidente de la Confederación Evangélica Bautista Argentina y y vicepresidente del Congreso Iberoamericano “Por la vida y la familia”. Fundador del colegio AMEN.




No es casual que en épocas de inestabilidad, crisis económica y conmoción social (Pandemia), las democracias sean puestas a prueba por vientos de opinión que pretenden llevar a nuestras sociedades hacia conceptos de gobiernos totalitarios.

Es justamente en esos momentos que aparecen las sugerencias y hasta globos de ensayo, sobre la necesidad de que surjan gobiernos “populistas” encarnados en un “Líder”, un “Partido Único”, donde no exista un criterio plural, amplio y democrático, sino una “Verdad Única” encarnada en ese Líder que representa en sí mismo “la Voluntad del Pueblo”.

A pesar del auge de las democracias a mediado del siglo pasado, y de los años que han transcurrido, no se ha extinguido la existencia de corrientes ideológicas que (en la práctica) la cuestionan total o parcialmente, máxime en Latinoamérica donde las democracias siempre han sido más frágiles y con una larga trayectoria de interrupciones con golpes de estado o revoluciones (según de dónde provengan), pero que en definitiva, ambos coartaron el derecho y la libertad del ciudadano, argumentando que la democracia plural y participativa, es débil.

Esa tentación viene por dos flancos, sea por derecha como por izquierda. Ambos  extremos desprecian la democracia, no soportan la disidencia, consideran que el pueblo no está maduro para gobernarse a sí mismo; advierten sobre el peligro del enemigo que es el que está en la vereda ideológica de enfrente, el que piensa distinto; y crean la conciencia de la necesidad de un Liderazgo y un Estado Fuerte, que absorba los otros poderes, que limite la opinión pública y que se pare firme frente a esa amenaza.

Ambas márgenes desprecian la democracia. Ambos extremos consideran que la gente no es lo suficientemente sabia, madura o independiente para decidir. Presuponen que la sociedad es infantil y que necesita un “Padre” (así le llamaban tanto a Mussolini como a Stalin). Mientras exista el supuesto de que un criterio único de verdad debe ser establecido de arriba hacia abajo, las sociedades democráticas serán débiles y frágiles.

Decididamente no puede existir en la democracia un criterio único de lo verdadero, ya que el pluralismo y la diferencia son constituyentes de ella, basado en: a) la Igualdad y Dignidad de todas las personas; b) El derecho y la Libertad de pensamiento y conciencia; c) la Libre Opinión. Imponer un criterio único de verdad, venga del extremo que venga, significa negar esa diversidad, libertad y derecho que tiene el ciudadano.

En nuestras sociedades latinoamericanas se evidencia el resurgimiento de un fenómeno que no es nuevo, por el contrario, siempre ha estado latente en la vida política de nuestras naciones; se trata del totalitarismo. Si bien estas nuevas tendencias no son en los mismos términos del siglo pasado, sus principios, objetivos y ambiciones no han variado.

El “populismo”, sea ateo o deísta, de izquierda o derecha, es una forma de totalitarismo y por consiguiente, un concepto contrario a los principios bíblicos, al espíritu cristiano y a la dignidad con que el Creador hizo al hombre. Es por este motivo que debe ser rechazado, resistido y nunca considerado como una opción válida, por más dádivas que le ofrezcan a los pastores e iglesias. Es su propia naturaleza la que nos incomoda, es en lo que subyace donde se encuentra el verdadero mal.

Más allá de las indudables diferencias ideológicas, y las variables regionales que puedan tener, los avances totalitarios, populistas, autoritarios, tienen varias aristas comunes: a) un liderazgo personalista; b) el ideal de un partido único; c) el control y manipulación de los medios de comunicación; d) un dominio burocrático de la economía, e) control y debilitamiento de las religiones (fundamentalmente la cristiana), f) reforma educativa para el adoctrinamiento, g) aumento el empleo público con gente del partido, para ganar adeptos, apoyo, movilización, e infiltrarlos en todas las áreas del Estado, dominando así el voto popular.

En definitiva, el totalitarismo populista se traduce en un Estado omnipotente y omnipresente en la vida de los ciudadanos (una especie de Gran Hermano), que recurre a la extorsión, la amenaza, el miedo y el control, para imponerse en todos los ámbitos de la vida social.

Los términos: “autoritarismo, totalitarismo, populismo”, designan a un régimen político que se funda en la sumisión incondicional de la sociedad a la autoridad política, en lugar de “a la ley”. Es el sistema que presupone que el “Lider” expresa en sí mismo y en sus acciónes la voluntado y el bienestar popular”. Esto resulta en que los derechos del individuo se subordinan  a los intereses del poder. Ellos no llegan al ejercicio del poder como inquilinos transitorios, llegan para quedarse, lo sienten propio, es de ellos y los demás son extraños, ajenos y enemigos. Nada más lejos del espíritu de las democracias.

Tanto la extrema derecha, como la izquierda, son fundamentalmente posiciones antidemocráticas, que propugnan el totalitarismo en desmedro de la libertad e igualdad de todos los individuos y los derechos de los ciudadano. La falta de tradición democrática hace que los gobiernos tiendan a limitar o eliminar esas libertades.

El peligro es que la Iglesia puede sentirse tentada de acercarse al calor de quien más la favorezca, y de hecho que estos tipos de gobierno buscan mostrarse amigables y hasta favorables a la misma, cuando en verdad solo buscan “usarla”. Debemos ser muy cuidadosos, ya que con el mismo dedo que hoy nos pueden favorecer, mañana nos pueden perseguir. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Por ello, siempre lo mejor es que el “poder sea distribuido y controlado”, nunca concentrado ni mucho menos “hasta que la muerte lo saque”.

Los protestantes en general, y los evangélicos en particular, tenemos una larga y fuerte história basada en los principios bíblicos acerca de la igualdad de todos los hombres delante de Dios, la libertad con la que hemos sido creados, y el sacerdocio (la participación) de todo creyente; razón por la cual hemos rechazado fuertemente la monarquía religiosa (el Papa), el “sacerdotalismo”, (los grupos de elit, los iluminados que conducen). Estos mismos principios llevados a la vida civil nos ponen en oposición a los personalismos, populismos y todo sistemas que pretenden concentrar el poder, ignorando la pluralidad, la diversidad, los derechos y las libertades individuales.

Es tiempo de abrir los ojos, discernir los tiempos, advertir los peligros y asumir la responsabilidad histórica que como cristianos tenemos en la sociedad.



1 COMENTARIO

  1. Coincido 100%con ud!!! La corrupsion la abaricia, el desamor!!! Escriben con la mano borran con el codo!!! Asi es el desatroso concepto que tienen de DEMOCRACIA!!! Pero como ud dice un pluralismo disfrazado de autoritarismo!!!!

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