Bebidas sin alcohol tampoco se salvaron de la pandemia

El consumo tampoco fue la excepción, ya que sufrió una contracción del 7,7% con relación al 2019.

Archivo bebidas Foto NA Juan Vargas



BUENOS AIRES (NA) — El 2020 será recordado no solo por los efectos sociales de la pandemia sino por las consecuencias económicas generadas y, en ese marco, el consumo de bebidas sin alcohol tampoco fue la excepción, ya que sufrió una contracción del 7,7% con relación al 2019.

Los datos surgen de un informe elaborado por la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (CADIBSA), en el cual se refleja el impacto que tuvieron la pandemia y las medidas sanitarias adoptadas para controlar los efectos.

“Si bien el primer trimestre del año inició con una menor disminución del volumen de ventas en comparación al mismo período del año anterior (3,2%), a raíz de la pandemia y del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, durante el segundo trimestre la industria de bebidas sin alcohol registró un desplome en sus volúmenes de ventas de casi 24%”, alertó la entidad.

En 2019, el sector había tenido una caída en las ventas del 15%, por lo que si se le agrega lo ocurrido en 2020, el total de la baja trepa a casi 22%.

Las estadísticas de la cámara incluyen a todas las categorías: gaseosas, aguas saborizadas, aguas con y sin gas, jugos, isotónicos y energizantes.

Según el estudio, el tercer trimestre continuó con una baja de 9,4% comparado con 2019 y finalmente, el cuarto cerró con un incremento del 1,3%, marcando un leve cambio de tendencia.

A su vez, el consumo per cápita de bebidas sin alcohol viene en franco declive en los últimos años como resultado de la combinación de distintos factores.

“Esto se debe principalmente a la disminución en el poder adquisitivo de los consumidores, y al impacto de la carga impositiva del sector de bebidas (49%) que termina afectando al precio de venta”, advirtió CADIBSA.

Con relación al sistema tributario, indicó que “esta carga impositiva -la más alta del sector en América Latina- contribuye a incrementar la informalidad del sector, que se ve reflejada en el crecimiento y proliferación de segundas marcas”.

“Estas marcas se comercializan a precios sensiblemente inferiores, debido a ciertos grados de informalidad con el que operan a lo largo de su cadena de valor”, agregó.

En el documento, la cámara puntualiza que la cadena de valor tiene “como primer eslabón a los productores agropecuarios de 12 provincias, e incluye cientos de proveedores de insumos y miles de puntos de venta como supermercados, almacenes, pequeños autoservicios y kioscos, los que actualmente constituyen el principal canal de ventas del sector”.

De acuerdo con los datos publicados en la página web de la cámara, el sector genera cerca de 30.000 empleos directos y más de 100.000 empleos indirectos.



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