Distintas crisis, distintas recuperaciones

Opinión por Matías Rajnerman - Economista jefe de Ecolatina @MatiasRajnerman.

Una persona cruza la calle con un carro de reciclado en la ciudad vacía. Foto NA: Mariano Sánchez.



Con el dato de actividad de abril, la caída de 2018-2020 (-27,1%) ya es más aguda que la de 1998-2002 (-20,3%). Pensando en la vigorosa recuperación de la post convertibilidad, podría haber algunos motivos para ilusionarse.

Sin embargo, que el desplome del Producto Bruto entre una crisis y otra se parezca, nada indica sobre su recuperación. De hecho, el punto de partida actual no se asemeja al del colapso de comienzos de siglo, sino que se presenta más complejo. Veamos.

Para empezar, hay que decir que ambos retrocesos fueron diferentes. Mientras que la recesión del fin de la convertibilidad fue larga y progresiva, la actual se disparó en un año, producto de la pandemia, la cuarentena y la frágil situación precedente.

Esto podría acelerar la reactivación actual de corto plazo en relación con 2002, especialmente cuando superemos al COVID- 19, ya que la caída actual no es del todo “genuina”, sino que posee un importante componente de “inducción”. No obstante, los puntos favorables terminan acá.

Por caso, en la crisis anterior la economía no llegaba con inflación -de hecho, los precios cayeron más de 3% entre 1998 y 2001-, lo que obligó a que todo el ajuste recayera sobre las cantidades, mientras que en la dinámica actual el deterioro se repartió entre precios y cantidades.

A modo de ejemplo, el desempleo rondaba el 18,5% en 2001, a la par que promediaría “sólo” 13,5% este año. En sentido contrario, no se verificó una caída del poder adquisitivo en la agonía de la convertibilidad, producto de la dificultad de recortar salarios nominales, sino recién en 2002 con la devaluación y aceleración inflacionaria.

En cambio, en 2018 y 2019 el salario real acumuló una caída de 20% y perdería otro 5% adicional este año. La dinámica de suba de precios complica la recuperación del poder adquisitivo en el corto plazo, a la par que impone algunos riesgos de aceleración inflacionaria cuando se revivan las discusiones paritarias.

En otro orden, mientras que el colapso de la convertibilidad fue un problema “local”, la crisis actual tiene una dimensión global. En este sentido, no podremos anclarnos en las exportaciones como una salida contracíclica, cosa que sí pasó en la recuperación anterior, producto del vigoroso crecimiento de algunos de nuestros socios comerciales (Brasil y China) y el boom de los commodities a partir de 2006.

Asimismo, el déficit fiscal primario, que acumulará no menos de 6% del PBI en 2020, se correspondía con un claro superávit luego de 2002.

Esto le permitía al gobierno de entonces impulsar la inversión pública, sin generar tensiones por el lado monetario e inflacionario.

A contramano, en la actualidad, no sólo tenemos un gran rojo en las cuentas públicas, sino que además no tenemos fuentes de financiamiento que no sean la emisión, problemática aún cuando se esterilice parcialmente después.

En tanto, por el lado cambiario, el tipo de cambio real competitivo y estable del período 2002-2007 fue uno de los pilares del crecimiento. Por un lado, porque fortaleció a las exportaciones.

Por otra parte, porque permitió expandir el empleo, ya que el costo laboral unitario se había reducido significativamente con la devaluación, sobre todo en relación con los bienes de capital usualmente importados.

En último lugar, porque “justificaba” la imposición de retenciones a los productos agropecuarios, de modo que se disociaba el precio internacional de los alimentos de aquel vigente en el mercado local, a la par que impulsaba la recaudación.

Y aparece la cuestión de la deuda. Mientras que entonces ya nos hallábamos en default, sin tener que honrar compromisos, actualmente estamos negociando nuestros pasivos con los acreedores de la deuda pública ley extranjera y deberemos destinar algunos dólares a este fin en los próximos años.

En resumen, la situación actual es muy diferente a la de 2002, de modo que no es posible aventurar una salida parecida.

En abril de 2002, cuando la economía comenzaba a reactivarse, la recuperación que hoy parece “obvia” se avizoraba muy sinuosa y no estaba exenta de críticas. Ojalá, en algunos años podamos decir lo mismo de 2020. Por ahora parece difícil.



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