El avance populista

Opinión por Darío Lopérfido - Ex secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación durante la presidencia de Fernando de la Rúa y exMinistro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner, Foto NA: Marcelo Capece



A lo largo de la historia política moderna, Argentina se ha caracterizado por ir en contra de los movimientos que alientan la libertad, el crecimiento y el desarrollo.

Tendríamos que remontarnos casi a 30 años en el pasado para encontrarnos con un contexto político como el actual, donde varios países vecinos se unen para avanzar en pos de la libertad. Chile, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, todos estos países han sabido dejar de lado políticas restrictivas y una filosofía basada en el paternalismo estatal, para avanzar en la jerarquización del individuo como ente responsable del desarrollo de una nación.

Un ejemplo con el que me gustaría contrastar el camino político que está tomando Alberto Fernández, es su antípode si se quiere, Luis Lacalle Pou, actual presidente de Uruguay. El líder del Partido Nacional juró el 1 de marzo de este año, fecha en que ponía fin a 15 años del Frente Amplio en el poder.

Terminaba una etapa socialista en Uruguay y comenzaba una era liberal.

Dos puntos claves donde se marcó una clara diferencia con la política argentina, fueron su consideraciones con respecto a la implementación de un impuesto a la riqueza para solventar los gastos de enfrentar la pandemia del coronavirus e impulsar un fuerte recorte del gasto público. Mientras en nuestro país el diputado Máximo Kirchner busca implementar un tributo a la riqueza, en Uruguay consideran que iniciativas de ese tipo implicaría amputar la posibilidad de los que van a hacer fuerza en la salida de la crisis.

El impuesto que impulsó el bloque del Frente de Todos consiste en un impuesto a grandes riquezas y patrimonios, un límite a la rentabilidad de los supermercados e hipermercados, fijando en 4% el margen de ganancia. Este impuesto, además de tener un fundamento casi expropiador, demuestra el total desconocimiento en materia económica por parte del gobierno. No importa si es en Argentina, China, Estados Unidos o Hong Kong, en cualquier lado, la economía se mueve a partir de incentivos económicos, atentar contra esto, lo único que hace es atentar contra cualquier inversión proyectada en el país.

La decisión de Lacalle Pou de bajar los salarios públicos, es algo ejemplar y que se debería copiar en Argentina. El presidente uruguayo ordenó un recorte del 20% de todos los sueldos de funcionarios, dinero que destinarán a un Fondo por U$S400 millones para hacer frente al coronavirus. Este fondo de lucha, representa un 0,7% del PBI de Uruguay y su conformación se nutrirá del 20% que se le va a descontar al presidente de la República, a los ministros, a los legisladores, a los directores de entes autónomos y servicios descentralizados. Básicamente todos los funcionarios públicos que ganen más de U$S 1.800 en mano por mes se verán obligados a poner parte de su sueldo. Mientras envían una ley integral de reforma del Estado para hacerlo más eficiente y gastar menos.

La negativa del gobierno argentino a bajarse los sueldos muestra la poca empatía que tienen con los que sufren. No importa la solidaridad. Seguir agrandando el gasto en cosas sin sentido y seguir manteniendo todas las cajas políticas es una muestra cabal del problema moral del del Kirchenrismo.

El camino que decidieron Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa es completamente el opuesto al uruguayo. Los presidentes de las cámaras de senadores y diputados firmaron la resolución RC 0006/20 para aplicar una suma no remunerativa aproximadamente de $70.000 por los días de efectivo cumplimiento entre el 20 de marzo -primer día de aislamiento social obligatorio- hasta el 10 de mayo. Esto que parece un chiste de mal gusto, es real. La relación de la política y el dinero es obscena. Se dan aumentos para financiar los aparatos políticos. En plena pandemia.

Mientras la economía se encuentra completamente paralizada, cientos de miles de empleos corren riesgos de perderse, decenas de miles de pymes están al borde del quiebre y a médicos (como en el hospital Italiano) le recortan el sueldo, el sector público no solo no aporta solidariamente al país, sino que va en contra de su discurso de colaboración y se aumentan el sueldo.

El contexto para entender claramente porque no solo moralmente es algo negativo este accionar, sino que también representa un gasto no posible de afrontar por la economía actual, es muy importante. Por cada semana que la economía se encuentra paralizada por la cuarentena social y obligatoria, se estima que se pierden U$S 3.500 millones, es decir, 1% del PBI. Sí para el 10 de Mayo llevaremos casi 8 semanas de parálisis económico, tenemos que hablar de una pérdida económica de U$S28.000. Pero, si hacemos caso a lo expresado por el Ministro de Salud y por el Jefe de Gabinete y proyectamos una extensión de cuarentena hasta el 25 de mayo, la pérdida económica sería aún peor, llegando a U$S35.000 millones.

El kirchnerismo por primera vez se enfrenta a la disyuntiva aplicativa del populismo sin fondos para solventarlo. En este caso queda preguntarnos ¿Qué camino seguirá Fernández? ¿Buscará implementar el clientelismo político propio del Kirchnerismo aún sin fondos para solventarlo o dará un giro de timón hacia una perspectiva más ortodoxa? .

Entender la moral política del Kirchnerismo, el cual pide justicia social y redistribución de riquezas, pero al mismo tiempo se aumenta los sueldos en medio de una pandemia y sus políticos llegan a tener vida de magnates multimillonarios, es muy difícil.

Es por eso que el pedido de un recorte del gasto público no debería ser encarado desde lo justo, sino, desde lo necesario. Argentina ya no tiene margen de maniobra para evitar un choque económico y social, ahora lo que podemos hacer, es mermar el daño que experimentemos como país y las acciones para salir adelante luego de eso.

Para darle un punto de cierre, me gustaría rememorar una frase de Juan Bautista Alberdi “Para poblar el desierto son necesarias dos cosas capitales: abrir las puertas para que entren y asegurar el bienestar de los que en él penetren, la libertad en la puerta y la libertad adentro”. Libertad y protección, eso es lo que Argentina necesita para crecer y volver a lo que supo ser 100 años atrás.



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