Por el dólar “solidario” florecen arbolitos y cuevas

La brecha del 40% alentaría aún más la economía en negro, como ocurrió durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner.




BUENOS AIRES (NA) — Con la llegada de las vacaciones y el impuestazo del 30% a la compra de divisas, los ahorristas argentinos hacen resurgir el furor por las “cuevas” de la city porteña y de otros centros urbanos, cuyo ejército son los ´arbolitos´, y que pagan hasta 30% por el dólar.

Por primera vez en casi cuatro años, quienes manejan el dinero negro en el microcentro porteño y los grandes centros urbanos del interior se preparan para revivir los tiempos dorados del segundo gobierno de Cristina Kirchner, cuando horas después de obtener la reelección puso en marcha el “cepo cambiario”.

Quien tenga dólares y necesite venderlos, el peor negocio que podrá hacer será ir a un banco o una casa de cambio “oficial”: se lo pagarán a $ 58, cuando si luego necesita comprarlo deberá pagarlo $ 82.

Por eso, muchos argentinos retomaron sus contactos con los “cueveros” de confianza, que vuelven a alquilar oficinas en la city y a renovar equipamiento, como los contadores de billetes.

Y también a tomar empleados, que por ahora son en negro, ya que su primer destino serán las calles, al grito de “cambio, cambio, dólar, euro, real, cambiooo…”.

Luego podrá llegar el “ascenso”, si el arbolito en cuestión empieza a llevar clientes grandes a las cuevas y logra estar a cargo de otros soldados de la calle como era él. Todo en negro, todo ilegal, pero cada vez más presente en las zonas donde se mueve mucha plata en la Argentina.

Desde noviembre, tras las presidenciales, los argentinos pueden comprar apenas US$ 200, y desde jueves se le sumó un recargo del 30%, lo que da un valor estratosférico de $ 81,90, a la cotización actual de $ 63.

Pero si quiere vender esos billetes, el banco le pagará el valor del dólar oficial comprador, unos paupérrimos $ 58. Como lo que está gravada es la adquisición de moneda extranjera para atesoramiento, el banco no paga el impuesto al comprarle la divisa a su cliente.

Esa diferencia de casi $ 24 por billete que perderá el ahorrista ya está haciendo que la persona que necesite desprenderse de sus dólares para hacerse de pesos recurra al blue, que se vende por encima de $ 80, o al dólar Bolsa o MEP, que cotiza a $ 72,50.

Qué ocurre, por ejemplo, si un ahorrista tiene US$ 30.000 y quiere adquirir un auto en pesos: si los vende en el banco le darán $ 1.740.000; pero en el mercado paralelo -a unos $ 74 para la compra-, recibirá $ 2.220.000 -sí, $ 480.000 más en un pase de manos-.

Luego deberá arreglársela el comprador del auto para ver cómo convence a la AFIP de que los pesos que usó para pagar el auto los tenía declarados, pero esa es otra historia.

Otra alternativa es vender los billetes a través de la Bolsa, es decir, en blanco. Para ello deberá comprar con los dólares bonos que luego se pueden vender en pesos. Pero aquí -más allá de que el sistema requiere algunos trámites y abrir una cuenta custodia en una casa bursátil- comienzan a jugar comisiones de los bancos y posibles riesgos de que en el intervalo el bono baje.

Los especialistas coinciden en que el recargo -que ya empiezan a llamar “dólar solidario” en la city-, sólo servirá para alentar aún más la economía en negro, como ocurrió durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner.

Uno de los espectáculos más bizarros comienza a observarse en los aeropuertos, donde los turistas extranjeros se convierten en una pieza codiciada de aquellos que buscan comprarles sus dólares.

Algo similar a lo que ocurre cuando uno llega a Caracas, en Venezuela, pero, al menos por ahora, más ordenado.



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